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El núcleo de la Tierra se frenó

No estamos parados sobre una roca fría. A miles de kilómetros, el núcleo interno es una bola de hierro sólido.

Allí la temperatura ronda los 5 500 °C. Casi como la superficie del Sol. Y aun así no se derrite del todo: la presión lo obliga a quedarse sólido.

Ese corazón caliente mueve el núcleo externo líquido. De ahí nace el campo magnético que nos protege del viento solar.

Sin ese horno interno, no habría brújulas… ni, probablemente, vida como la conocemos.

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