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Hay un océano atrapado dentro de la Tierra, bajo tus pies
Si te preguntan dónde está el agua de la Tierra, lo lógico es mirar al mar. Pero buena parte del agua del planeta nunca estuvo en un vaso, ni en una nube, ni en un río: está atrapada dentro de un mineral azul, a cientos de kilómetros bajo tus pies. En 2014, dos estudios publicados en Nature y Science cambiaron la forma en que imaginamos el interior del planeta.
Un diamante feo con un secreto enorme
En 2008, mineros artesanales de Juína, en Mato Grosso, Brasil, sacaron de la grava de un río un diamante marrón de unos tres milímetros, comercialmente inservible. Un equipo de la Universidad de Alberta lo compró tiempo después mientras buscaba otro mineral. Dentro de esa piedra, casi por casualidad, apareció una inclusión microscópica de ringwoodita: la primera muestra terrestre jamás encontrada de este mineral, que hasta entonces solo se conocía en meteoritos y en experimentos de laboratorio.
El hallazgo, publicado en Nature en marzo de 2014, mostró que la ringwoodita contenía 1.5 por ciento de su peso en agua. No agua líquida, sino hidrógeno y oxígeno atrapados en la estructura del cristal en forma de iones hidroxilo. El diamante había funcionado como una cápsula de alta presión: viajó unos 400 kilómetros desde el manto hasta la superficie en un estimado de 10 horas, arrastrado por una roca volcánica llamada kimberlita.
Una esponja a cientos de kilómetros
La ringwoodita es la forma de alta presión del olivino, un mineral común en el manto. Su estructura cristalina le permite actuar como esponja y retener agua incluso a temperaturas brutales. Los científicos calculan que la llamada zona de transición, entre 410 y 660 kilómetros de profundidad, podría contener tanta agua como todos los océanos de la superficie. El geofísico Steve Jacobsen, de la Universidad Northwestern, fue más allá: si solo el 1 por ciento del peso de la roca de esa zona fuera agua, equivaldría a casi tres veces el agua de todos los océanos juntos.
El detalle importante es que ahí abajo no hay un lago ni un mar subterráneo. El agua está disuelta dentro del mineral, invisible, formando parte de la química del planeta. Es el mayor depósito de agua de la Tierra y, al mismo tiempo, el más difícil de imaginar.
Un ciclo del agua para todo el planeta
Un segundo estudio, publicado en Science en junio de 2014 por Brandon Schmandt y colegas, aportó la otra pieza. En el laboratorio, comprimieron ringwoodita hidratada y la calentaron con láseres para simular qué pasa cuando el mineral desciende hacia el manto inferior. El resultado fue una fusión por deshidratación: la ringwoodita suda su agua al llegar a cierta profundidad y deja una fina capa de material fundido.
Después compararon esos resultados con datos de ondas sísmicas registradas por sismómetros en Estados Unidos. Donde el manto fluye hacia abajo, detectaron señales compatibles con esa zona de fusión, lo que sugiere que el agua del manto no es un caso aislado, sino algo extendido.
«Creo que por fin estamos viendo evidencia de un ciclo del agua de toda la Tierra», dijo Jacobsen. Eso explicaría, en parte, por qué la superficie tiene tanta agua líquida: parte pudo venir desde dentro, y no solo de cometas helados que chocaron con el planeta.
Por qué importa lo que no se ve
El agua interna cambia cómo funciona la Tierra. Afecta la manera en que la roca se funde, se enfría y se mueve, y por lo tanto influye en volcanes, terremotos y en la tectónica de placas. Graham Pearson, de la Universidad de Alberta, lo resumió así: «El agua cambia todo en la forma en que funciona un planeta».
Saber que el manto no es seco ayuda a entender por qué la Tierra es geológicamente viva, a diferencia de otros mundos rocosos. También obliga a reescribir el clásico dibujo del ciclo del agua, que suele empezar y terminar en la superficie.
No hace falta viajar a otro planeta para encontrar un océano escondido. Está aquí, guardado en la estructura de una roca azul, esperando a que un diamante lo cuente.